miércoles, 3 de agosto de 2011

Curiosidades curiosas y cavilaciones chorras 1

El patriotismo de Superman.



AVISO:

Mi crítica se ha centrado en los Estados Unidos por ser los principales productores de Superhéroes, pero el resto de países desarrollados (y España no es una excepción) hacen gala de la misma doble moral defendiendo unos derechos y una custodia de la paz que ellos mismos incumplen. Tampoco quiero dar una mala impresión de los comics de superhéroes, de los cuales soy fan, sino criticar lo que considero una “falta de coherencia” desde mi punto de vista.


Estaba yo alucinando mientras el gran Tony Stark, equipado con su imponente armadura robótica, hacía saltar su casa de miles de millones de dólares por los aires como si estuviera destruyendo un castillo de arena cuando surgió en mi cabeza la primera pregunta que originó el asunto sobre el que escribiré en esta entrada: ¿Cuánto dinero puede tener el magnate de Industrias Stark, el superhéroe Iron Man?

La respuesta es obvia: mucho, muchísimo. Como he mencionado, se cargaba él mismo su casa en una pelea absurda sin el menor de los reparos, su traje es destruido y reconstruido una y otra vez y las buenas fiestas son algo que tampoco falta en la vida del hombre de acero. En este punto apareció la segunda pregunta que llevaría a más temas más transcendentales: siendo tan asquerosamente rico y con tan buenos ideales de querer instaurar el orden y justicia que en la sociedad aparentemente no existen, ¿por qué no dona algo de ese capital a ayudar a los más necesitados?

Tony Stark (Iron Man, Marvel Comics) o Bruce Wayne (Batman, DC Comics) son dos superhéroes con millones de dólares en sus cuentas y que, en lugar de preocuparse de otros problemas con mayor importancia (como el hambre en el mundo, el remedio de enfermedades incurables, la paz internacional...) se ocupan únicamente de que “su ciudad” no caiga en manos de malo de turno, cuyas pretensiones suelen ser también un tanto ridículas. ¿Que El Pingüino conquiste los bajos fondos de la ya de por sí decadente ciudad de Gotham es más importante que los miles de abusos de autoridad que hay en países subdesarrollados, donde los propios gobiernos son los encargados de llevar a cabo esos crímenes? ¿Dónde está Iron Man cuando las mujeres de ciertas zonas del mundo ven sus derechos reducidos hasta la nada y son tratadas prácticamente como esclavas? Está en su mansión, tomándose un Martini con extra de Vodka y extra de aceitunas mientras espera a que el próximo disfrazado de turno le ataque con su nueva mega arma súper mejorada. Pero la última y más importante de las preguntas se planteó cuando me puse a pensar en otros grandes superhéroes. Porque, para ser sinceros, en el mundo real existen personas con el mismo dinero y “poder” (aunque no se manifieste como un superpoder, sí de forma que todos sus deseos puedan ser satisfechos) y tampoco lo usan para ayudar a solventar problemas como los antes nombrados, o destinan tan solo una mínima parte para quedar bien en periódicos y medios de comunicación. Mas en el caso de otros grandes héroes del cómic sus acciones nos hacen pensar en que su moral es mucho peor. El caso por excelencia es el de Superman. El Kriptoniano tiene el poder de hacerlo absolutamente todo: podría matar una ballena, asarla con los rayos de sus ojos, dejarla en Camboya en una tribu de niños hambrientos y estar en su casa para ver la tele en cinco o seis segundos (quizás sea un poco exagerado, digamos más bien cinco o seis minutos). Bajo estos cálculos podría hacer que países sacudidos por el hambre o la sequía salieran adelante en apenas un cuarto de hora al día. Es evidente que en algún comic o alguna película el súper-hombre de calzones rojos y bucle perfecto habrá salvado a algún negrito de morir arrastrado por la corriente en una riada, o habrá librado a algún país de la tiranía de su “Saddam” particular, pero seamos sinceros: no es lo habitual.




La tercera pregunta, por lo tanto, es bastante simple: ¿Por qué? Con este interrogante no quiero parecer Mourinho, pero: ¿por qué no hace esto Supermán? ¿Por qué el hombre que todo lo puede, que tiene la fuerza, los valores y la inteligencia suficientes como para resolver todas las injusticias del planeta se limita a pasar las tres cuartas partes de su vida siendo Clark Kent hasta que ve arder un edificio de su bella Metrópolis y se enfunda su peculiar indumentaria de trabajo? La respuesta, o al menos la que yo he considerado más apropiada, es que, haciendo gala de un gran patriotismo Estadounidense, no interesa. Mis preguntas pueden sustituirse por “¿Por qué Estados Unidos dona muchísimo más dinero para armas y defensa que para erradicar el hambre y la pobreza?” Y la respuesta será la misma: no interesa. No es bueno crear entre jóvenes y niños, principales lectores de los comics de superhéroes, que el mundo es injusto, que esos grandes semidioses que protagonizan sus aventuras favoritas han de dedicarse a volver el mundo un lugar mejor dando de comer a negritos, llevándoles asistencia médica a asiáticos raquíticos o presionando a los gobernadores tiránicos y despiadados a dejar de lado sus prácticas y abogar por una democracia limpia. Eso supondría ir en contra del modo de operar de su propia nación, que aprovecha su supremacía armamentística para coaccionar a otros países, que vive de la explotación de la mano de obra casi gratuita de zonas subdesarrolladas y que, en definitiva, es la primera potencia mundial en todo lo bueno, pero también en todo lo malo. Los superhéroes están ahí para cumplir con su deber patriótico, para apoyar ese sistema que los ha catapultado con los años a la cima del planeta. Son los defensores de la justicia, pero de una justicia que les ha impuesto su país, su bandera y su himno, sus “democráticos” líderes y su temible ejército.

Miedo me da cuando vaya a ver “El Capitán América”.

1 comentario:

  1. Miedo no, PÁNICO.

    Muy buena entrada :) Esperamos más! ^^

    Solo añadir: http://3.bp.blogspot.com/_WUVNeta-aQA/TJM7ceHYM5I/AAAAAAAAEAg/zA60j8RgDeg/s640/capitan-obvio-1.gif

    ResponderEliminar